Dicen que soy ‘fascista’
Así, tal cual. Esta semana me han llamado ‘fascista’. Y no, no ha sido ningún ‘hooligan’ sino una persona ‘normal y corriente’.. porque claro, con cada tos provocado por el humo que tengo que soportar, durante 10 horas al día, en situaciones que no puedo evitar, con los dolores de estómago, con los vómitos a las 2 de la mañana, con la desesperación y la sensación de estar en una cárcel, con cada sufrimiento, cada grito, es para los fumadores, un grito fascista.
Cuando las mujeres lucharon por el voto, claro que también eran fascistas por no aceptar el dictado de sus maridos. Los exiliados del franquismo eran fascistas por pedir la libertad. Los blancos que lucharon por mantener la esclavitud en Estados Unidos, no hacían más que defender el país frente a la oscuridad del fascismo igualitario.
Estoy cansado. Lucho por una causa en un país que no es el mío, un país que me encanta, una causa que afecta el 70% de la población que no es fumadora, pero que rara vez se atreve a alzar la voz. Lucho por una causa porque no quiero que ganen las tabacaleras en su lucha sin cuartel por someter a la población no fumadora a la dictadura del humo, una causa que se va conquistando en el resto de Europa y del mundo - hasta en Nigeria - pero para la cual en España todavía no se ve la luz al final de túnel. Lucho porque todos podamos trabajar en condiciones humanas, tener vida social en condiciones humanas, y dormir en condiciones humanas. ¡Pero me llaman ‘fascista’!
No veo solución a corto plazo, ni tampoco a medio. La crisis económica ha silenciado nuestra voz en los medios de comunicación. Cada día estoy un poquito más enfermo, me cabreo, escribo entradas en mi blog, participo en foros, movilizo a la gente que piensa como yo y que también se atreve a hablar. Me han llamado ‘pesado’, me han criticado por ‘llevar el tema hasta la obsesión’. Y ahora, soy un mero ‘fascista’.
No sé qué tipo de país es un país que llama ‘fascista’ a los que luchan por la libertad. No sé si llorar o reír. La vida tiene que seguir adelante, todos tenemos nuestras obligaciones, deudas, necesidades y ambiciones. Con 31 años, uno no puede levantarse y marcharse con tanta facilidad. Las decisiones requieren tiempo, sacrificio, perder algo por el camino, perder cosas por las que también se han requerido mucha batalla, reconocer que ha terminado un sueño. Pero cuando la sociedad no avanza, tampoco se pueden olvidarse de las cruces como si nada. No sé hasta cuando aguantaré, pero algún día seguiré mi marcha, y me iré en busca de la libertad y el oxígeno que añoro, y que de momento no encuentro en España. No sé cuando llegará el día: en 6 meses, un año, dos, no lo sé. Pero llegará. Y no podrá tardarse mucho más. Demasiado está en juego.
Adelante, Chicago 2016
Madrid no puede ser ciudad olímpica. Una ciudad que obliga a la población a fumar cada vez que sale a comer o a hacer vida social, una ciudad que permite fumar en los polideportivos de manera que se traga humo incluso durante la práctica de natación, una ciudad que no inspecciona las oficinas de manera que durante 10 o 12 horas al día los empleados tienen que trabajar en un ambiente de alta toxicidad, una ciudad que es la última en Europa en cuanto a la creación de espacios sin humo, una ciudad en la que el gobierno autonómico boicotea la mediocre ley de ámbito nacional que pretende, aunque fuera poco, aumentar los espacios para inhalar oxígeno, una ciudad como Madrid que huele a tabaco desde el momento de aterrizaje hasta la muerte y subida al cielo, como reza el refrán, no es una ciudad olímpica y sería un error que el COI le permitiera celebrar los Juegos de 2016.
El COI debería dar los Juegos de 2016 a Chicago, o a Tokio, y demostrar a Madrid que una ciudad que no respeta la salud de sus ciudadanos, no cumple en absoluto con el espíritu de la comunidad olímpica. Espero que no se equivoque.
El Tabaco como Rito
Hoy se ha abierto un intenso debate en el elmundo.es a raíz del manifiesto del fumador cívico, publicado hace unos días en este mismo blog.
La gran mayoría de los comentarios son de no fumadores, que están harto cansados de que no se respeten en ningún grado sus derechos, y de que muy lejos de reforzar la prohibición del tabaco en espacios públicos cerrados, existe una insumisión total ante la ley actual en la mayoría de las Comunidades Autónomas del país.
Unos cuantos fumadores han entrado en el debate, como siempre, con ánimo de defenderse, aunque no sé muy bien ante qué, visto que no hay ni una sola persona con autoridad en este país dispuesta a coger la bandera de la lucha contra las tabacaleras. Hacen daño a sí mismos y a los que están a su alrededor, pero se creen las víctimas (OJO que ninguno ha echado la culpa al verdugo, es decir las tabacaleras, sino prefieren cargar contra los que no fuman.)
De manera resumida, mis conclusiones son las siguientes:
- Los argumentos de los fumadores expuestos en el blog de El Mundo no tienen ningún fundamento. Afirman que los coches son más nocivos (los coches no aparcan en restaurantes o bares cerrados y no suelo hacer picnics o reuniones sociales detrás de un tubo de escape), que los fumadores tienen el derecho de fumar en cualquier sitio en el que no esté prohibido por ley (también lo hacen en sitios en los que sí está prohibido, pero como nadie les dice nada se hacen partícipes del crimen), que los no fumadores somos unos pesados (no entiendo cómo el acto de no fumar puede considerarse ‘pesado’, quizás alguien me lo explique), que si están en un sitio en el que no se prohíbe expresamente fumar, da igual si hay niños o asmáticos por delante, fumarán como sea (la palabra ’sentido cívico’ les suena a chino), y que los no fumadores no tienen derecho a una vida social sin tabaco a menos que se reúnan entre si, hagan negocio entre si o se cierren en guetos libres de humo (es una opción pero visto que el 73% de la población es no fumadora, ya veremos quién al final se queda en el gueto).
- La gran mayoría de los fumadores que participan en dicho forum han perdido la razón, en toda probabilidad gracias a su adicción que les impide ver cómo el hábito puede molestar a otros o resultar antisocial. Se comportan como yonquis desesperados por saciar su adicción y mucho mérito tendrá la persona que se atreva a pedirles que apaguen el cigarro.
- Gran parte de los decisores en este país, que no la población civil, también son adictos al tabaco y adoptan el mismo comportamiento irracional de cualquier otro adicto, sea de tabaco, heroína, cocaína o marihuana. Son minoría, pero tienen el mayor peso político en España. Serán los débiles que aunque conociendo las consecuencias nocivas del tabaco se iniciaron en el hábito desde joven, y no toleran ahora a los que tuvieron la fuerza para decir que no desde el principio.
No tengo nada en contra de los fumadores. No les considero un adversario, y nunca lo he hecho. Creo que harán bien en dejar atrás su desagradable hábito, pero al final es su decisión. Sólo me limito a contar las cosas cómo son y a exigir medidas por parte del Gobierno para que de una vez ser fumador (activo o pasivo) deje de ser un ’sine qua non’ para la plena integración social en España.


