Bravas sin humos
Hoy los participantes del grupo de Facebook, ‘Por el Derecho de No Fumar’, nos hemos unido en Docamar, uno de los pocos bares de Madrid que desde el primer día ha cumplido la ley del tabaco. Hemos pasado un rato divertido, ameno, rodeados de oxígeno y buena compañía, sin mencionar a las bravas que estaban ‘de muerte’ en el mejor sentido de la frase. Así mismo, hemos tenido la suerte de contar con el apoyo del Partido de los No Fumadores, representado por su Presidenta, Ana Bernia, su Vicepresidente y otros integrantes del partido, quienes también acaban de estrenar hace unos días un nuevo grupo en Facebook, con el fin de reforzar su presencia en las redes sociales. Han venido personas de todas las ideologías, así como gente sin ninguna afiliación partidista, todos unidos en el deseo de promover una vida social sin malos humos.
Somos muchos los que luchamos por una vida sin tabaco, cada uno a su manera, pero sólo con el esfuerzo conjunto lo conseguiremos. Y por eso, queremos que todos los que creen en la misma causa, unamos los esfuerzos para lograr que de una vez España salga del rincón de la historia, y que los no fumadores podamos disfrutar de los mismos derechos que ya se han ganado en casi todos los demás países de la Europa occidental, y más allá.
Sólo es el comienzo, y el camino es largo. Pero que nadie piense que vamos a pasar el resto de la vida siendo fumadores pasivos. Si nos une sólo una cosa, es nuestro amor a la vida. Queremos vivir, y queremos una mejor vida tanto para nosotros como para los recién nacidos. Queremos vivir, queremos disfrutar, y no queremos que como peaje para seguir disfrutando, otros nos perjudiquen nuestra salud y la de nuestros seres queridos.
DENUNCIA SOCIAL: ¿Por qué tengo que respirar el humo de los demás?
Para dar un descanso a mi propia voz, aprovecho para dar mayor visibilidad a un comentario muy interesante de un lector del blog. Creo que merece ser compartido. Gracias, Aurora:
¿Por qué tengo que respirar el humo de los demás? Esto es lo que me planteo yo cada vez que tengo que estar en sitios públicos, detrás de esta cuestión se pueden hacer muchas reflexiones y obtener múltiples respuestas, pero a mí la primera que se me viene a la cabeza es: EGOÍSMO. Egoísmo de aquel que con su decisión individual de fumar, me impone respirar el humo de sus cigarrillos, sin respetar mi libertad. ¿Pero por qué la gente no es consciente de este egoísmo?, pues creo que la respuesta está en nuestra cultura: una cultura del ocio que sin alguna razón lógica incluye el tabaco, el alcohol, incluso otras drogas.
A pesar de la existencia de la Ley antitabaco, ésta no está controlada dentro del ocio ni se hace cumplir. Yo me pregunto qué sentido tiene una ley que permite al local inferior en extensión a 100 metros cuadrados, a poder decidir entre dejar fumar y no hacerlo (la realidad todos sabemos cuál es, la elección para los dueños no es difícil.)
Por otra parte, los locales mayores de 100 metros cuadrados tienen la obligación de habilitar zonas separadas y completamente aisladas para no fumadores. ¿Quién controla esto?, la gran mayoría de los locales, aun habiendo tenido su tiempo para la reforma, no han cumplido esta ley. Esta situación es lamentable, y lo de poder elegir, a mi modo de ver es una tomadura de pelo para los no fumadores, cuyo derecho a respirar ambientes libres de humo no está siendo respetado. Yo particularmente me veo “obligada” a no salir, ya que estoy privada del derecho de tener un ocio sano.
El tabaquismo nos afecta a todos, no sólo al que fuma, todas las personas tienen derecho a la protección de su salud. Sin embargo existen colectivos especialmente sensibles al humo del tabaco, como todos aquellos que padecemos enfermedades respiratorias. Entre estas enfermedades se incluye la fibrosis quística, una grave enfermedad que afecta fundamentalmente a pulmones y páncreas.
Qué es la FQ
La Fibrosis Quística se debe a una mutación genética localizada en una proteína: la CFTR (Cystic Fibrosis transmembrana reguladora), esta proteína es la encargada de regular el paso de Cloro a través de la célula. Esta ausencia de la actividad de los canales de Cloro da lugar a una serie de complicaciones clínicas que se localizan fundamentalmente en los pulmones, que se van deteriorando progresivamente debido a infecciones crónicas difíciles de controlar.
Pero la Fq es también una enfermedad estresante, evolutiva y difícil para los pacientes y sus familias. La Fq significa también limitaciones como consecuencia de las bajas que sufrimos, los ingresos, la fatiga, el cansancio… Pero la limitación de salir por la noche o frecuentar lugares de ocio tales como discotecas, bares o pubs, no nos la impone nuestra enfermedad, nos la impone la sociedad, que impone sus intereses (fumar) sobre los intereses de otros (ocio sano sin humos) y su derecho a la salud.
Por lo tanto, desde el derecho a la protección de la salud y desde el derecho de la integración de personas con minusvalías, fumar en lugares públicos debería estar prohibido.
Desde la LISMI, se establece la prevención como obligación del Estado, ¿pero está el Estado cuidando de la salud de sus ciudadanos y en este caso de las personas con minusvalía, permitiendo fumar en sitios públicos?
La Fq es una enfermedad especialmente vulnerable a los efectos del tabaco, ¿por qué no se nos protege, por qué el ocio nocturno se desatiende, y resulta ser un privilegio para el fumador?
El ser humano es un ser social que necesita de las relaciones de los demás para vivir, necesita de los vínculos afectivos con otras personas, que sirven de prevención de diversas enfermedades emocionales y que al mismo tiempo constituyen un apoyo fundamental para las enfermedades físicas. La salud es un completo bienestar de los sistemas físico, psicológico y social, sistemas que no son independientes unos de otros sino que se influyen y afectan entre sí. No cabe duda que la discriminación a la que se ve sometido el no fumador influye en su vida social, que queda limitada a no ser que opte por sacrificar su salud física, tesitura que no es razonable de ningún modo.
Las alternativas de ocio son muchas, como algunos estarán pensando, pero eso no significa que el no fumador tenga que renunciar el ir a una discoteca o reunirse en un bar o pub con sus amigos, por el hecho de que pueda hacer otras cosas. Todos tenemos derecho al ocio que queramos.
Creo que la raíz del problema está en los valores y la cultura que desde las escuelas y en la sociedad se está inculcando, de tolerancia al tabaquismo, así como el no respeto a los derechos individuales. No estamos educando a nuestros jóvenes en la asertividad de lo que resultan múltiples conductas agresivas y no tolerantes, como el fumar en lugares públicos.
La mayor parte de las personas que hacen uso de locales de ocio nocturno, no es consciente de que su opción individual de fumar le convierte en agresor de la salud de las personas que comparten espacio con él. No respeta la libertad y los derechos de los otros usuarios, en definitiva, impone su decisión de fumar a los demás, atentando contra la salud pública, amparándose en muchas ocasiones en la ley.
Pero en mi opinión no porque la ley les permita fumar en lugares públicos, estas personas dejan de ser responsables de sus hechos, ni dejan en mi opinión de ser egoísta, porque uno siempre puede elegir como comportarse, y valorar si su conducta está siendo poco ética o solidaria.
Si el gobierno no pone freno a esta situación mediante leyes que velen por la salud de todos, no está haciendo sino convertir el ocio nocturno en un privilegio de aquel que no valora ni respeta su salud ni la de los demás: el fumador. Lo que supone una discriminación del NO FUMADOR en toda regla.
No cabe duda de que el cambio de actitud no lo va a conseguir una ley, sino que se conseguirá desde la reflexión individual de cada uno sobre el respeto y la tolerancia, así como desde la educación en valores, replanteándonos una cultura dominante que une el tabaco con el ocio pasando por encima de la salud de todos, algo totalmente irracional, que constituye un grave problema en España y retraso ético y moral con respecto a otros países.
No obstante es la Ley la que debe poner freno inmediatamente a esta injusticia social y proteger la salud de todos.
Invertir entre malos humos
Hace unos días acompañé a un grupo de comerciales de un gestor de fondos asiático durante una serie de entrevistas con medios de comunicación. Tienen su sede europea en Londres y vinieron a Madrid para darse a conocer y para buscar potenciales inversores, digamos ‘a futuro’, una vez que hubiera pasado lo peor de la crisis.
Las entrevistas se realizaron en el ‘lobby’ de un hotel de 5 Estrellas en una zona en la que se indicaba que “se permitía fumar”. La única separación que había entre dicha zona y el espacio para no fumadores era un par de escalones, es decir que se incumplía la ley. Como en ese momento no se encontraba ningún cliente más en esa zona, el espacio parecía por lo menos estar tranquilo y disponía de unas mesas y sillones ideales para realizar los encuentros. El ambiente era algo pesado, seguramente porque los suelos eran de moqueta y con el paso de los días y las semanas se había juntado un hedor a humo. Sin embargo, para un fumador pasivo como yo, habituado a encontrarme en ambientes bastante peores, no me resultó excesivo.
A los comerciales extranjeros, de todas formas, no pasó desapercibido. Al salir del hotel, sin que yo sugiriese el tema, me preguntaron si existía la posibilidad de que algún día se prohibiera el tabaco en lugares públicos en España. Me explicaron que habitualmente celebraban reuniones en diversos países, y que en el resto de Europa se había tomado medidas contra el tabaco, por lo que no entendían por qué no era posible hacer lo mismo aquí. Le expliqué que en realidad sí había una ley en España pero que en la mayor parte de los locales no se cumplía, y que en un país tan descentralizado como España, era difícil conseguir una aplicación uniforme de una ley que intenta especificar el tamaño y las proporciones de las zonas en las que se puede y no se puede fumar. Se rieron solos y se preguntaron por qué era tan complicado prohibirlo por completo tal como ya se ha hecho en los demás países.
El Ministro de Sanidad ha dicho que no pretende endurecer la ley en esta legislatura, ‘por la crisis económica’. En cambio, me pregunto, si los empresarios extranjeros encuentran que cada vez que se reúnen en España tienen que soportar los malos humos, mientras en el resto de los países no existe este problema, ¿realmente va a ayudar a transmitir la imagen de un país moderno en el que merece la pena invertir? Claro que hay otros factores a tener en cuenta. Sin embargo, en un mundo cada vez más globalizado, también importa que los inversores internacionales valoren la calidad de vida de los mercados en los que piensan abrir oficinas. ¿Y qué pensará el COI cuando tenga que elegir entre Madrid, Tokio o Chicago como sede para los Juegos de 2016.
Si al Gobierno le preocupa el bolsillo de los españoles, debe abandonar la inercia, y actuar para crear una España más apetecible para todos. Me harto de tener que dar excusas sobre un asunto que ya no tiene justificación.
